La epidemia silenciosa de LinkedIn: cuando los directivos confunden publicar con influir

Fila de CEOs dando conferencias mientras el público camina distraído sin prestar atención a sus mensajes.
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Imagen de Luis Núñez

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Hay una escena que se repite cada mañana en miles de despachos.

Un directivo abre LinkedIn mientras toma el primer café del día y observa cómo otros ejecutivos acumulan publicaciones, comentarios y reacciones. Algunos escriben todos los días. Otros publican vídeos, fotografías de eventos o reflexiones sobre liderazgo. Los más activos parecen omnipresentes.

La conclusión suele llegar rápido: si ellos están ahí, yo también debería estar.

Y así empieza una carrera curiosa. Una especie de maratón digital en la que muchos directivos terminan convencidos de que la construcción de una marca personal depende, sobre todo, de la cantidad de contenido que son capaces de producir.

  • Más publicaciones.
  • Más frecuencia.
  • Más visibilidad.

La falsa relación entre visibilidad y autoridad

Sin embargo, basta observar con detenimiento lo que ocurre en muchas organizaciones para descubrir una paradoja. Nunca ha habido tantos directivos comunicando y, al mismo tiempo, nunca ha sido tan difícil recordar qué dice cada uno de ellos.

La explicación tiene menos que ver con los algoritmos de lo que suele pensarse y más con una confusión de origen: muchos líderes han terminado identificando visibilidad con autoridad.

No son lo mismo.

La visibilidad es relativamente fácil de conseguir. La autoridad sigue siendo extraordinariamente escasa.

Un directivo puede alcanzar a miles de personas y no convertirse en una referencia para ninguna de ellas. Del mismo modo, puede tener una comunidad relativamente pequeña y ejercer una enorme influencia dentro de su sector.

La diferencia está en el contenido que se aporta. Los líderes empresariales que consiguen posicionarse como voces relevantes rara vez centran su comunicación en sí mismos. Suelen hablar de los cambios que están transformando su mercado, de las decisiones complejas que afrontan las organizaciones o de los aprendizajes acumulados durante años de experiencia.

La autoridad surge cuando un profesional ayuda a interpretar la realidad. No cuando simplemente aumenta su presencia en ella.

CEO sentado en su despacho rodeado de notificaciones digitales, mensajes y alertas que simbolizan la sobrecarga de información en la gestión empresarial.

Qué hace mal la mayoría de directivos con su marca personal

Durante años, la conversación sobre marca personal ha estado dominada por métricas. Seguidores, impresiones, alcance, engagement. Indicadores útiles para entender la distribución de un mensaje, pero insuficientes para medir algo mucho más importante: la influencia real.

Porque la influencia no aparece cuando alguien ve una publicación.

La influencia aparece cuando alguien modifica una decisión, una opinión o una forma de entender un mercado después de escucharte.

Y ahí es donde empiezan los problemas.

Muchos perfiles directivos se han convertido en una sucesión interminable de mensajes que podrían pertenecer a cualquier otra persona. Reflexiones sobre liderazgo escritas por un community manager o por la IA. Comentarios sobre algo muy crítico sin síntesis, escritos como la nota de prensa que no ha colocado en los artículos de opinión de Expansión su gabinete de prensa. Frases motivacionales que viajan de perfil en perfil como si fueran pasajeros de un tren de cercanías.

El resultado es una homogeneización de la conversación.

Todo el mundo habla. Pocos aportan.

Es un fenómeno especialmente llamativo porque los directivos poseen precisamente aquello que más escasea en internet: EXPERIENCIA. Y eso, cuando se tiene, se hace muy patente. Porque ellos han negociado adquisiciones, gestionado crisis,  perdido clientes, contratado talento, tomado buenas y malas decisiones bajo presión, han cometido errores caros y han sobrevivido a cambios regulatorios y transformaciones tecnológicas.

Y, sin embargo, ese conocimiento tiende a desaparecer bajo capas de contenido diseñado para generar interacción rápida.

Quizá porque exista la sensación de que LinkedIn premia la simplificación. Y es cierto que las plataformas suelen favorecer los mensajes sencillos. Pero los mejores comunicadores empresariales han demostrado que existe otro camino.

CEO hablando con otros profesionales y compartiendo conocimiento basado en su experiencia empresarial.

Qué hacen diferente los CEOs que mejor trabajan su marca personal

Al analizar perfiles de directivos reconocidos dentro del ecosistema empresarial español aparece un patrón común. Los mejores comunicadores no utilizan sus canales para promocionar constantemente sus compañías.

Hablan de movilidad, regulación, inteligencia artificial, sostenibilidad, talento o inversión. Es decir, participan en conversaciones que trascienden a sus organizaciones.

Alicia Asín, cofundadora de Libelium, suele explicar cómo los datos y la tecnología están transformando las ciudades. Juan de Antonio, fundador de Cabify, ha construido gran parte de su discurso alrededor de la movilidad urbana y los retos regulatorios del sector. Iñaki Arrola comparte reflexiones sobre emprendimiento e inversión desde la experiencia acumulada como fundador e inversor.

La empresa aparece en sus intervenciones, pero no constituye el eje principal de la conversación.

Ese matiz resulta determinante porque los lectores no buscan anuncios encubiertos. Buscan contexto, criterio y conocimiento especializado.

El error de convertir LinkedIn en un escaparate corporativo

Muchos directivos terminan utilizando LinkedIn como una prolongación del departamento de marketing. Publican noticias corporativas, lanzamientos de producto o fotografías de eventos con la esperanza de fortalecer su marca personal.

El problema es que una marca personal no funciona como un catálogo comercial.

Los profesionales que siguen a un CEO esperan encontrar una visión singular del mercado. Quieren entender mejor hacia dónde se dirige una industria, qué desafíos afrontan las organizaciones o cómo evolucionan determinadas tecnologías.

Cuando toda la comunicación gira alrededor de la empresa, la conversación pierde profundidad y acaba resultando previsible.

Por el contrario, cuando el directivo comparte conocimiento, experiencia o análisis, la percepción cambia. La audiencia deja de verlo como un portavoz corporativo y empieza a considerarlo una fuente de información relevante.

Comparación entre un conferenciante con gran audiencia distraída y un CEO que genera atención e influencia en un grupo reducido de directivos.

La marca personal para CEOs empieza antes de publicar

Existe una pregunta que muchos líderes empresariales deberían plantearse antes de pensar en calendarios editoriales, formatos o algoritmos.

¿Qué conversación merece realmente la pena liderar?

La respuesta suele encontrarse en la intersección entre la experiencia del directivo, los retos de su sector y las preocupaciones de sus grupos de interés. Ahí es donde aparecen los territorios de comunicación que permiten construir una reputación sólida a largo plazo.

Publicar más puede aumentar la visibilidad durante un tiempo. Sin embargo, la influencia suele depender de factores mucho más difíciles de replicar: conocimiento, experiencia, credibilidad y capacidad para aportar valor.

En un entorno digital donde millones de personas compiten por atención, la diferencia ya no está en hablar más alto.

Está en tener algo que decir.

Y quizá por eso las mejores marcas personales nunca nazcan de una estrategia obsesionada con la visibilidad.

Nacen de una voluntad mucho más sencilla.

Compartir conocimiento útil.

Lo demás suele llegar después. O no.

Pero cuando llega, suele ser mucho más sólido que un puñado de métricas acumuladas en una pantalla.

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