Bloque 2

Medios vs. redes sociales: Cuando el problema es el “idioma” en vez de el canal

Bloque 2. Medios vs. redes sociales Cuando el problema es el “idioma” en vez de el canal
Tiempo de lectura: 5 minutos
Imagen de Luis Núñez

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Durante años el debate era bastante sencillo. Prensa frente a redes sociales, televisión frente a TikTok, periodistas frente a influencers… Pero el Observatorio MacLucan 2026 dibuja un escenario bastante más complejo. Los medios tradicionales siguen siendo la referencia principal para buena parte de la población española. La televisión continúa marcando agenda, la radio conserva credibilidad y la prensa mantiene peso cultural. Sin embargo, algo importante ha cambiado: ya no controlan en solitario la conversación.

Porque el problema no es únicamente dónde se informa la gente. El problema es quién consigue captar atención, generar vínculo y convertir una noticia en algo relevante dentro de una jornada saturada de estímulos. Ahí las redes sociales han alterado las reglas del juego como el monolito de 2001: Una odisea del espacio. No destruyen de golpe el sistema anterior, pero cambian para siempre la manera de relacionarse con él.

El ecosistema informativo ya no funciona como una plaza pública ordenada alrededor de unas pocas cabeceras. Se parece más a un cruce permanente de pantallas, algoritmos, vídeos cortos, titulares compartidos, audios de WhatsApp y creadores que traducen la actualidad en tiempo real.

La cuestión de fondo ya no es solo dónde se informa la gente, sino quién consigue marcar el ritmo de la conversación. Y ahí el ecosistema informativo se ha vuelto mucho más fragmentado.

Infografía del Observatorio MacLucan 2026 sobre lectura de periódicos digitales, con un 65,6% de lectores regulares y un rechazo explícito del 7,0%.

1. El rechazo real a los periódicos digitales es bajo

Solo el 7,0% de la muestra no estratificada declara no leer periódicos digitales por desinterés o por precio. Si se toma la muestra estratificada, la cifra asciende al 8,4%. En ambos casos, el rechazo explícito es minoritario.

Este dato es importante porque desmonta una explicación demasiado cómoda para el sector. El problema de la prensa digital no parece ser, al menos de forma principal, el muro de pago. Solo el 1,6% de los encuestados afirma no leer periódicos digitales porque son de pago. La barrera económica existe, pero no aparece como la principal barrera declarada.

El verdadero desafío está en otra parte. Nos referimos a la pertinencia. Una parte de la población no rechaza activamente la prensa digital, pero tampoco se siente especialmente interpelada por sus temas, sus tonos, sus formatos o sus códigos narrativos.

No hablamos tanto de un público desinformado como de un público desvinculado de la noticia. La prensa sigue estando disponible, pero para muchos usuarios ha dejado de ser emocional y culturalmente necesaria. Está ahí, pero no siempre forma parte de su vida informativa cotidiana.

Digitalizar el soporte no implica renovar la relación con la audiencia

El problema no es solo el precio. Es el valor percibido.

La prensa digital ha conseguido trasladar al entorno online una parte muy importante del hábito informativo tradicional. Pero digitalizar el soporte no significa necesariamente renovar la relación con la audiencia. Muchos medios han cambiado el canal, pero no siempre han cambiado el lenguaje.

Para una parte de los públicos jóvenes, el periódico digital —o cualquier medio de comunicación en formato online— sigue sonando a una institución que habla desde fuera: explica, jerarquiza y opina, pero no siempre conversa. La distancia no está únicamente en el contenido, sino en el tono. En un ecosistema dominado por la cercanía, la identificación y el relato personal, la autoridad de la cabecera ya no basta por sí sola.

El Digital News Report 2022 del Reuters Institute ya apuntaba que los públicos de 18 a 24 años tienen una relación más débil con las marcas periodísticas tradicionales y acceden cada vez más a las noticias a través de plataformas como Instagram, TikTok o YouTube. También señala que los jóvenes buscan formatos más visuales, diversos, informales y adaptados al lenguaje de cada plataforma.

La conclusión no es que los jóvenes no quieran información. Quieren información que reconozcan como propia, útil, comprensible y conectada con su mundo.

Infografía sobre preferencias informativas en España: 53,2% prefiere medios tradicionales, 19,8% redes sociales, 21,4% todos los canales y 4,8% influencers.

2. La mayoría todavía prefiere los medios tradicionales

Más de la mitad de los españoles sigue prefiriendo informarse a través de medios tradicionales. El dato, en este sentido, es claro. Pese al auge de las redes y de los creadores digitales, el modelo informativo clásico continúa siendo dominante como opción principal.

Pero esto no debe hacernos caer en una lectura simplista. Aunque las redes sociales no han sustituido de forma masiva a la prensa, la radio o la televisión, lo que sí han hecho es alterar el equilibrio de poder simbólico. Los medios tradicionales siguen siendo centrales en la preferencia declarada, pero ya no son el único espacio donde se construye la agenda pública.

El dato de “todos” también es relevante: uno de cada cinco encuestados declara utilizar una combinación de canales. Este grupo refleja una dieta informativa híbrida: personas que no se informan solo por una vía, sino que combinan medios tradicionales, redes sociales y creadores según el momento, el tema o el formato.

El nuevo modelo funciona como una interrupción

La batalla ya no es entre medios y redes como mundos separados. La batalla está en la convivencia entre ambos.

Los medios mantienen autoridad institucional, pero las redes han ganado autoridad ambiental. Es decir, están presentes en los tiempos muertos, en el móvil, en la conversación cotidiana, en el grupo de WhatsApp, en el vídeo que aparece sin buscarlo y en el contenido que se comparte porque conecta emocionalmente.

El viejo modelo informativo funcionaba como una cita: abrir el periódico, encender la radio, ver el informativo. El nuevo modelo funciona como una interrupción: una notificación, un vídeo, un titular, un hilo, un resumen, un clip. La información ya no siempre se busca; muchas veces aparece.

Infografía sobre el impacto del auge de las redes frente a los medios: mejora del acceso, sociedad más manipulable, menos pensamiento crítico y polarización.

3. Las redes sociales ganan espacio como canal informativo prioritario

Uno de cada cinco españoles prefiere informarse a través de medios en redes sociales. No se trata necesariamente de seguir a influencers, sino de consumir información directamente dentro de plataformas como Instagram, TikTok, X/Twitter, Facebook, YouTube o WhatsApp.

Este dato refleja un cambio profundo. Para muchos usuarios, el medio ya no es una página de inicio ni una cabecera concreta, sino un contenido que aparece dentro de un flujo. La portada ha sido sustituida por el feed.

El problema es que ese feed no es neutral. Muchos usuarios creen que eligen libremente lo que ven, porque el contenido parece adaptado a sus intereses. Pero esa selección está mediada por algoritmos diseñados para maximizar atención, permanencia e interacción. La consecuencia es que la actualidad deja de organizarse por criterios periodísticos y empieza a organizarse por criterios de visibilidad, emoción y rendimiento.

Los medios tradicionales han sido criticados durante años por su falta de pluralidad, por su dependencia empresarial o por su alineamiento editorial. Pero las plataformas digitales tampoco son espacios neutrales. Lejos de eso, ordenan la realidad, la jerarquizan y deciden qué se ve y qué desaparece.

La diferencia es que lo hacen de manera menos visible.

Infografía sobre jóvenes, TikTok y bienestar digital, con una caída de la capacidad percibida de autocontrol de 3,53 a 2,93 según el tiempo diario de uso.

TikTok, bienestar digital y consumo pasivo

El desplazamiento hacia redes sociales no puede analizarse solo como un cambio de canal. También afecta a los hábitos de atención. Un estudio de Virós-Martín, Montaña-Blasco y Jiménez-Morales, publicado en Infocop, analiza el uso de TikTok entre adolescentes españoles de 12 a 18 años y muestra que, cuando el uso diario supera las dos horas, disminuye la capacidad percibida para poner límites al tiempo de uso. El estudio también señala diferencias de género en tiempo de uso y tipos de contenido consumido, aunque no encuentra diferencias significativas entre chicos y chicas en los niveles globales de bienestar digital.

4. Los influencers informativos siguen siendo minoritarios como fuente principal, pero muy relevantes como autoridad simbólica

Como fuente informativa preferida, los influencers y creadores de contenido siguen siendo minoritarios. Solo los elige el 4,8% de la muestra no estratificada y el 6,3% de la muestra estratificada.

A primera vista, podría parecer un fenómeno pequeño. Pero esa lectura se queda corta.

La clave aparece al observar otra pregunta del estudio: ¿quién tiene más influencia real en la opinión pública? En Q11, los periodistas alcanzan el 33,4% en la muestra no estratificada, mientras que los influencers llegan al 32,2%. En la muestra estratificada, los influencers suben al 35,4%, por encima de los periodistas, que quedan en el 30,1%.

Los influencers no dominan como fuente principal de información, pero sí compiten directamente en influencia percibida.

Esto significa que su poder no está solo en informar. Su principal fortaleza reside en su capacidad para interpretar, ordenar y emocionalizar la actualidad. No sustituyen por completo a los medios, pero ocupan un espacio que antes pertenecía casi en exclusiva al periodismo: el de explicar qué importa, cómo debe leerse y desde qué sensibilidad debe entenderse.

Infografía sobre qué red social es mejor para informarse: 30,2% responde ninguna, 27,2% X/Twitter, 17,8% Instagram, 12,8% Facebook y 6,4% TikTok.

La proximidad es la nueva autoridad

Los creadores de contenido informativo no son solo una moda. Son una respuesta cultural a una carencia del periodismo tradicional.

Su relato suele ser más directo, más personal y más adaptado al lenguaje de las plataformas. Informan, opinan, resumen y traducen. La mayoría de las veces no ofrecen más rigor que un medio profesional, pero sí ofrecen más proximidad. Y en un ecosistema saturado, la proximidad se ha convertido en una forma de autoridad.

El riesgo es evidente: cuando la autoridad se basa en afinidad, puede confundirse cercanía con credibilidad. Pero el reto para los medios no es despreciar ese fenómeno, sino entender qué revela. Si millones de personas prefieren que alguien les traduzca la actualidad en 60 segundos, quizá el problema no sea solo la impaciencia del público. Quizá también sea que el periodismo ha dejado de ser suficientemente claro, cercano y comprensible para parte de su audiencia.

5. Las redes conectan, pero no necesariamente informan mejor

El auge de las redes como canal informativo no debe confundirse con una mejora automática de la calidad informativa. De hecho, el propio Observatorio MacLucan muestra que la ciudadanía identifica carencias claras en las redes sociales como fuente de información.

El dato es muy revelador. Las redes han ganado espacio, pero no han ganado plena legitimidad informativa. La mitad de los encuestados cree que les falta más contenido profesional, y más de cuatro de cada diez reclaman regulación. Además, más de un tercio echa en falta contexto y profundidad.

Es decir, el público reconoce el valor de las redes como vía de acceso, pero también percibe sus límites. Las redes son rápidas, accesibles y emocionalmente eficaces. Pero también son ruidosas, fragmentarias y vulnerables a la desinformación.

El informe de NewsGuard de 2022 sobre TikTok encontró que casi el 20% de los vídeos mostrados como resultado en búsquedas sobre temas informativos relevantes contenían afirmaciones falsas o engañosas. El estudio analizó búsquedas sobre asuntos como COVID-19, la guerra en Ucrania o tiroteos escolares.

Infografía del Observatorio MacLucan 2026 sobre las carencias de las redes sociales como fuente informativa: contenidos profesionales, regulación, contexto y menos ruido.

Verificación, contexto, criterio, memoria y responsabilidad

La ciudadanía no está sustituyendo sin más periodismo por redes. Está buscando una combinación imposible: la rapidez y cercanía de las plataformas, pero con el rigor, el contexto y la responsabilidad profesional de los medios.

Ahí está el verdadero espacio de oportunidad para el periodismo. No competir con el algoritmo en velocidad, ni con los creadores en espontaneidad, sino ofrecer lo que las redes no pueden garantizar por sí solas: verificación, contexto, criterio, memoria y responsabilidad.

6. El auge de las redes genera una percepción ambivalente

La opinión pública no interpreta el auge de las redes de una sola manera. Hay una lectura positiva: el 28,4% cree que mejora el acceso a la información. Pero pesan más las lecturas críticas: un 33,2% cree que genera una sociedad más manipulable, un 19,4% considera que reduce el pensamiento crítico y un 10,2% lo asocia con más polarización.

Esto confirma que la ciudadanía vive el nuevo ecosistema informativo con una mezcla de utilidad y desconfianza. Las redes abren el acceso, pero también desordenan la realidad. Multiplican las voces, pero no siempre mejoran la comprensión. Amplían la conversación, pero pueden debilitar la capacidad de distinguir entre información, opinión, propaganda y entretenimiento.

7. Ninguna red social se impone claramente como espacio informativo de confianza

Este dato introduce un matiz fundamental. Aunque las redes sociales ganan peso como entorno informativo, la opción más elegida cuando se pregunta qué red es mejor para informarse es “ninguna”, con el 30,2%. Después aparece X/Twitter, con el 27,2%. TikTok, pese a su enorme relevancia cultural entre jóvenes, queda en el 6,4% para el conjunto de la muestra.

Esto evita una conclusión exagerada: TikTok no es todavía el gran canal informativo general para toda la sociedad española. Su importancia es más generacional y cultural que masiva en términos de preferencia declarada.

El dato refuerza la idea central del bloque: las redes han cambiado la forma de acceder a la información, pero no han resuelto el problema de la confianza. Son espacios de descubrimiento, conversación y circulación, pero no necesariamente de legitimidad informativa.

Infografía resumen del Observatorio MacLucan 2026: los medios tradicionales aún dominan, pero redes sociales e influencers erosionan su hegemonía informativa.

8. El desinterés absoluto es marginal

Solo el 0,8% de la muestra declara que no prefiere ningún canal para informarse. Es una cifra muy baja y, por tanto, no permite construir grandes conclusiones por segmentos. Al tratarse de muy pocos casos, cualquier lectura por edad o género debe considerarse indicativa, no concluyente.

Lo importante es el significado general: el rechazo total a la información es residual. España no parece una sociedad desinteresada por completo en las noticias. El problema es más sutil: no falta necesariamente interés, sino vínculo. La gente sigue informándose, pero lo hace de manera más fragmentada, más selectiva y más dependiente del contexto digital en el que vive.

Lectura sociológica

La desafección informativa no siempre se expresa como abandono. A veces se expresa como consumo superficial, como lectura ocasional, como dependencia del feed o como preferencia por relatos más cercanos.

El ciudadano puede estar expuesto a noticias todos los días y, aun así, no mantener una relación fuerte con el periodismo. Puede leer titulares, ver vídeos, compartir clips o recibir enlaces, pero sin construir una comprensión profunda de la actualidad.

Por eso el reto del periodismo no consiste solo en llegar. Consiste en volver a importar.

 

Índice del observatorio

Persona hablando por teléfono móvil, representación de la comunicación digital y la interacción en el ecosistema informativo

España se informa, pero de forma desigual: los jóvenes no buscan noticias, las encuentran

Bloque 2. Medios vs. redes sociales Cuando el problema es el “idioma” en vez de el canal

Medios vs. redes sociales: Cuando el problema es el “idioma” en vez de el canal