Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano antes del debate de las Europeas

Los debates televisivos han sido toda la vida el momento mediático más importante para decidir las tornas de unos comicios electorales. El enfrentamiento entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano en la semana previa a las elecciones europeas de 2014 fue un verdadero ejemplo de ello. Sin embargo, estos debates son bastante aburridos. Suelen basarse en un guión repetido hasta la saciedad basado en «un señor  lee un texto, al que su oponente vomita una retahíla de bilis aprendida de memoria, luego ambos sacan unos papelitos con gráficos amañados, se insultan un poco, mientras, de vez en cuando un supuesto moderador no modera nada y sólo mide tiempos, y luego, vuelta a empezar».

Sin embargo, con la irrupción de los New Media, los debates de la tele se han convertido en un fenómeno mucho más divertido, porque, antes, mientras y después de que estos señores sigan a pies juntillas lo que se espera que hagan de una forma más o menos aburrida, sus discursos se convierten en verdaderas narraciones transmedia que tienen lugar desde mucho antes de que se produzca el evento de la tele, durante éste y, sobre todo, después, cuando se convierten en una conversación de la que sacar mucho rédito político (que al fin y al cabo, se diferencia muy poco de la «conversión» publicitaria).

Esta conversación se convierte en una verdadera guerra del «y tú más», «y tú menos», «y yo mejor» y, sobre todo, del «mejor no hablemos de corrupción que nos perjudica a los dos». En fin, en España somos unos cachondos mentales y nos representa gente como nosotros: divertida, tramposa, mentirosa y, para colmo, que hace pactos para no hablar de verdades. Sin embargo, este no es el motivo de este post. Más que nada, porque me quiero centrar en la elevada capacidad comunicadora de los partidos políticos, en este caso del PP y del PSOE, en la campaña de comunicación y contracomunicación que hicieron antes del debate, durante el debate y al día siguiente. Pero, también quiero tratar del «fenómeno fan«, en este caso de «adeptos partidistas» que se dedican a investigar por su cuenta, a generar un conocimiento colectivo y a crear nuevos contenidos (por desgracia, da igual que sean reales o inventados) para rebatir a su oponente político o a demostrar las tesis de su representante. Su forma de actuar puede resumirse en tres bloques de personas que generan contenidos en la guerra transmedia:

Guerra transmedia entre twitteros

Reconozco que duré poco tiempo viendo el debate entre Arias Cañete y Valenciano. No por falta de interés en el rumbo económico político que debería seguir la Unión Europea, sino por sus discursos manidos y rancios, alejados de la sociedad a la que supuestamente representan. Al fin y al cabo, esas personas a las que supuestamente representan, se comunican entre ellas (o más bien dicho, se dejan dirigir por los community managers de los partidos) en Twitter y discuten de una forma más o menos civilizada.

Esas personas son lo que en transmedia se conoce como fans prescriptores, que en lenguaje político podrían ser altavoces, tontos útiles o fanáticos. Sus opiniones, sobre todo las de aquellos a los que se denomina influencers por el elevado número de seguidores que tienen en las redes sociales, tienen tanto peso o más que los comentarios de los propios partidos.

Los más fervientes defensores o detractores de los partidos, que se lo toman todo de una forma muy personal empiezan a compartir informaciones. Aunque no está demostrado, muchos de estos perfiles suelen ser gente con carné de los partidos que aparentemente son twitteros normales y corrientes pero que, como si fueran células durmientes, despiertan cada vez que hay que atacar al partido contrario. Ya sea cuando se acercan unas elecciones, como cuando se ha destapado un escándalo en su partido o en el contrario.

Si la gresca se ha creado en su partido, no pierden el  tiempo en decir que es mentira o en intentar desmentirlo. Normalmente empiezan a soltar «perlas» sobre el partido contrario y generar una conversación paralela que fagocite la noticia inicial. Si, por el contrario, el escándalo es en el partido contrario, se convierten en verdaderos periodistas de investigación que descubren y destapan nuevas noticias más rápido que los propios medios. Lo bueno que tienen estos individuos para los partidos políticos es que, al contrario de lo que ocurre con los medios de comunicación, cuando se inventan algo o calumnian a alguien, no tienen la obligación legal de rectificar lo que han dicho. Cuando hacen que un mensaje sea viral, da igual que se demuestren mil verdades, que su mensaje ya ha calado.

Estas dos fotos demuestran que tiene tanto poder los mensajes creados por los partidos como los que generan los propios usuarios en la guerra trnasmedia. En el caso del PP, crearon el hashtag  #LasMentirasdeValenciano  , que fue trending topic durante todo el día posterior al debate. Por su parte el PSOE sacó rédito del hashtag #HomoCañetus que sin embargo, no fue creado por el propio partido sino por los propios adeptos a esta agrupación política.

 

El hashtag #LasMentirasdeValenciano fue trending topic al día siguiente
El hashtag #LasMentirasdeValenciano fue trending topic al día siguiente
El hashtag #HomoCañetus fue trending topic al día siguiente
El hashtag #HomoCañetus fue trending topic al día siguiente

Los partidos, que generan su información

A estas alturas de la vida, hay poco que decir de la importancia que tienen las redes sociales para los partidos. Desde que Obama y su campaña de marketing online ganaron las elecciones de 2008, todos los políticos del mundo intentan emular su éxito electoral. Los partidos no dejan de emitir información desde sus cuentas oficiales, pero lo más interesante de todo es la maquinaria de comunicación que ponen a funcionar durante el propio debate.

Es muy curioso ver cómo los partidos empiezan a machacar las redes sociales con datos que refutan el discurso de sus canidadatos y a «demostrar» que las tesis de sus oponentes son erróneas. Entre tanto, los integrantes del partido, que tienen sus cuentas personales se ponen a dar sus opiniones. Si hay suerte, algún becerro del partido, normalmente de un cargo bastante bajo, suele soltar alguna joya dialéctica propia de un rey bárbaro, y la conversación se desvía momentáneamente o, si tenemos más suerte todavía, se puede convertir en un nuevo hilo de conversación.

¿Puede haber algo más transmedia que un debate político?

 

 

Los medios que sueltan perlas a favor de sus candidatos y basura contra sus oponentes

Entre tanto, los propios medios de comunicación, sobre todo los afines a sus partidos, se dedican a retroalimentar toda esta conversación en la guerra transmedia. Al ser profesionales de la comunicación y contar con herramientas documentales muy avanzadas, son capaces de desviar la conversación o hacer foco en lo que más les interesa a sus candidatos para que los tontos útiles, los altavoces y los fanáticos . En fin, que me voy por las ramas. Los debates televisados son ya cosa del pasado. Se pueden ver mientras ocurren, pero lo realmente interesante está después de ellos y en como los partidos políticos sacan rédito de las redes sociales para hacer que sus mensajes calen más hondo y, sobre todo, que tengan más impacto las características negativas de sus oponentes. Ya lo decían los romanos: pan y circo.

 

 

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